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jueves, 24 de noviembre de 2016

Agujero negro, de Andrei Bourbaki

¡Hola a todos! Estoy aprovechando un espacio libre que me quedó de entre algunos problemitas personales que estoy atravesando, para programar reseñas. No tengo muy en claro en que orden van a salir, porque eso probablemente lo decida después. Pero, al menos, esta es la primera que escribo, porque tengo algunas cosas que sacar de dentro sobre este libro, y mejor hacerlo antes que después. 

Título: Agujero negro
Autor: Andrei Bourbaki
Año de Publicación: 2016
Páginas: 192
Editorial: Editorial Dunken
ISBN: 978-987-02-9142-8
Sinopsis: Bourbaki nos convence que él, como muchos de nosotros, podríamos realizar más cosas de las que hacemos sin necesidad de trabajar más, o estar más capacitados.La fórmula que propone es muy sencilla: DÉJENNOS SER.
Logra con humor e ironía mostrarnos la realidad de nuestra vida, cercada por un alambre de púas, que no vemos, pero está siempre allí agazapado detrás de trámites y papeleos. Los temas van de Zaffaroni al vino Malbec, del inicio de la Energía Atómica a las dificultades que encuentran los que quieren hacer el bien en nuestro país.
La dispersión de temas tiene un punto en común: LA INCONTROLABLE TENTACIÓN QUE TIENEN MILLONES DE PERSONAS CONTRATADAS POR EL ESTADO PARA INCORDIARNOS LA VIDA.
Agujero Negro es una invitación a escribir algunos capítulos por nuestra cuenta, para reír y llorar de tanta tontería.Resolver la burocracia es solucionar uno de los principales problemas de nuestro país, todos lo sabemos, pero nadie lo ha tomado como un verdadero mal nacional.
¡Muchas gracias a Kiako - Anich por el ejemplar!

Opinión Personal

El hacer trámites es un quehacer del que ninguno escapa, y del que todos, en algún momento, nos hemos quejado. Anoche, sin ir más lejos, pasé más de una hora haciendo un trámite online, con cierto sin sentido en la modalidad. Este libro me demostró algo: que aunque parece una buena idea quejarse, escribir un libro haciéndolo es algo terriblemente poco productivo.
Por lo que había comprendido de la sinopsis, el libro afrontaba de manera humorística los problemas que a todos nos atañen, como frustrarse frente a un empleado de la AFIP o de la obra social, quien parece buscar cualquier método para escaparse de su obligación. Creo que si sonreí 4 veces a lo largo de todo el libro, estoy inventando al menos 2. Me pareció completamente sin gracia, aburrido, sin un hilo conductor que llevara de un punto a otro. Se autodefine como un ensayo, y les juro que la lectura del Facundo de Sarmiento se me hizo más llevadera. 
Salta de un tema a otro, es agresiva, profundamente irrespetuosa con todos aquellos empleados públicos y/o administrativos de cualquier organismo. Hija de una empleada pública (una orgullosa empleada pública, quien siempre buscó y generó recursos para su trabajo, quien presentó desde su labor en el ministerio una colección en conjunto con uno de los diarios locales, merecedora de un premio de ADEPA), no puedo menos que sentir que este libro es una completa basofia. Y ojo, si, es cierto, algunas veces los empleados públicos no cumplen con su deber, pero de ahí a decir que los empleados públicos son todos unos corruptos o unos vividores del sueldo de los demás laburantes, es cruzar una raya, que personalmente encuentro sumamente ofensiva, ya que mi educación fue posible (y lo es, aún) gracias al sueldo que mi madre ganó merecidamente. Antes que alguien quiere comentar algo del estilo: no, mi mamá no es un caso único, ya que me he pasado HORAS en su oficina, viendo como todos trabajan, viendo como quienes están en cargos más importantes llevan un ritmo de vida sumamente acelerado y poco saludable, por lo que aquí les aseguro que no veo la deshonra en ser empleado público, y que no es exclusivo del empleado público el ser ñoqui, los invito a recorrer empresas e industrias, para ver que ñoquis hay en cualquier puesto de trabajo, hasta en los comercios. 
Eso es parte de las cosas que me molestaron del libro. No puedo dejar de mencionar que fue sumamente tedioso, que no tenía un punto donde se uniera todo lo que contaba ni tenía un punto al que quisiera ir con todo lo que contaba. No rescaté ni una moraleja, ni un consejo ni nada. De optimista en el infierno no tiene nada, porque lo único que hizo, además de criticar, es intentar de convencer al otro de que no vale la pena hacer nada, porque siempre va a haber alguien que te ponga palos en la piedra. Ay, Argentina de mi alma, con argentinos como estos, como podemos esperar que estés mejor...
Para cerrar, debo decir que el mejor momento del libro fue el final. Y si, me gustó el final porque acabó mi martirio. 

Recomendado

Si te gusta quejarte, te lo recomiendo, vas a perder las ganas. 

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